Nuestro proceso de cultivo

Descubre cómo en Cítricos F y B del Pacífico cultivamos limones persa de la más alta calidad, desde la siembra hasta su mesa. Conoce nuestro compromiso con la excelencia y la sostenibilidad.

El camino de nuestros limones

Desde Culiacán, México, cultivamos limones persa para el mercado local y la exportación. Nuestro proceso inicia con la selección del lugar y la preparación del suelo. Adquirimos árboles injertados y certificados, garantizando así una base sólida para el crecimiento. Damos mantenimiento constante, podando para favorecer la entrada de luz y aire, asegurando que cada fruto alcance su punto óptimo antes de la cosecha. Queremos que conozcas y pruebes nuestros productos, disfrutando de todos sus beneficios.

Ventajas que nos distinguen

Lo que nos diferencia y asegura la calidad de nuestros limones es una combinación de factores estratégicos. Contamos con una ventaja logística y proximidad al mercado de Estados Unidos, lo que facilita la frescura de nuestros productos. Nuestra infraestructura de riego y la disponibilidad de agua son óptimas. Además, priorizamos la sanidad fitosanitaria y un estricto control de enfermedades, como el HLB, para proteger nuestros cultivos. También destacamos por la calidad de nuestros limones para uso industrial y concentrados.

Historias de esfuerzo y arraigo en cada cosecha

Garantía de calidad en cada limón

En Cítricos F y B del Pacífico, garantizamos la calidad de nuestros limones mediante un proceso integral de cuatro pasos: 1. Cuidado de huerta: Nutrición de precisión y cosecha manual seleccionada. 2. Clasificación rigurosa: Inspección y separación por color, calibre y calidad estacional para cada mercado (exportación, nacional e industrial). 3. Inocuidad y empaque: Lavado, empaque ventilado y trazabilidad por lote. 4. Cadena de frío: Conservación óptima de temperatura desde el empaque hasta la entrega final para prolongar la vida de anaquel.

Detrás de cada limón que cosechamos en Ejido Peñuelas y Limón de Tellaeche, hay historias de esfuerzo, arraigo y aprendizaje compartido. La citricultura en nuestra región no es solo una actividad productiva; es una forma de vida que une a familias completas y fortalece el tejido social de nuestras comunidades. El trabajo agrícola genera empleo digno para hombres y mujeres, desde quienes cuidan la nutrición de las huertas hasta las manos expertas que cosechan cada fruto con el cuidado que requiere la exportación. El aprendizaje en el campo se transmite de generación en generación: la paciencia para esperar la floración, el ojo clínico para detectar el punto exacto de corte y el orgullo de ver que el trabajo sinaloense llega a mesas y mercados de todo México y el extranjero.